jueves, 1 de enero de 2015

El niño que quería ser astronauta.

Hace poco veía una película llamada "La cena de los idiotas" de Francis Veber, la canción que sonaba en el cabezote decía algo como: "Cuando son nuevos salen del huevo de su capullo, los mocosos creen que los viejos muy idiotas son, y con el tiempo al peinar canas en su gris cabezón, creen los viejos que los jóvenes idiotas son. Yo, que me hallo entre dos edades, envío a todos un mensaje: En este asunto nada cambia, si idiota se es, idiota se es". 


Todos son idiotas, menos nosotros... y siempre seremos jóvenes, no importa la edad. Eso se lo escucharás a cualquiera. 

Hay un momento en la vida, en el cuál me encuentro, donde me pregunto si lo que hago realmente es valioso, si en unos 10 o 15 años voy a despertar un día y diré "Realmente no quería hacer esto con mi vida". Un momento donde me pregunto qué es lo que realmente vale la pena, qué me apasiona, por qué quiero que me recuerden y cuál es mi lugar en el mundo. 

¿Soy existencialista? Que si estoy en mis días, que si soy feliz, que si estoy decepcionada de la "adultez"... pues, esas son otras preguntas. Lo que he pensado mucho últimamente viendo mi día a día, escuchando a tantas personas cercanas y viendo desfilar frente a mí una horda de niños disfrazados de superheroes, brujas, caballeros y demás es: ¿Dónde está ese niño que le dijo a sus padres que quería disfrazarse de economista? ¿O el que buscó y buscó la corbata porque quería verse como un administrador de empresas? ¿Dónde está el niño disfrazado de gerente de una multinacional?. Sin entrar a discutir si son cargos indispensables o no, lo que me llama la atención, es que todos a esa edad teníamos algo en común, queríamos ser heroes.   

Hace menos de un año le pregunté a mi hermano qué quería estudiar, tiene 15 años y creo que ya es momento de ponerse a pensar en el asunto, me respondió que quería estudiar mecatrónica, cuando le pregunté por qué me respondió que quería diseñar prótesis mecánicas para las personas en estado de discapacidad, también esta dentro de sus humildes planes desarrollar una maquina que transforme fácilmente el agua de mar en agua potable para poder proveer con el liquido vital a las personas más necesitadas...

Escuchándolo hablar me siento como la mujer más superficial que haya existido... mis planes nunca han sido cambiar el mundo, más bien soy de los que se quejan mucho sin hacer nada al respecto... como dicen por ahi, soy de esos que "Se llenan la boca hablando de hambre con el estomago lleno". Sin embargo recuerdo que en algún momento mis objetivos eran más admirables... o por lo menos más beneficiosos para la humanidad, ahora me convertí en una persona dentro de una empresa que busca ascender hasta llegar a ese puesto que me brinde tranquilidad y estabilidad para poder continuar conociendo el mundo, no estoy discutiendo que lo disfrute o no, que sea buena o no, simplemente que me encuentro en un medio en el que se juzga la inteligencia de una persona por su capacidad de vender algo... o venderse a si misma, porque ahora las relaciones entre las personas se miden por su efectividad... por eso sigo pensando que algo falta, que necesito algo más, que no puede ser solo esto.

Espero muy sinceramente, muy desesperadamente, que mi hermano continúe pensando de esa manera... ¿Cuándo es que cambiamos nuestros nobles objetivos en pro del dinero, la comodidad y la satisfacción egoísta? ¿En qué edad es exactamente? ¿16? ¿19? ¿20?... O depende de nuestro entorno? Estoy segura que ese niño que dice que quiere ser maestro no lo hace pensando en el sistema educativo que castiga a sus educadores y le da siempre a la razón a sus clientes (alumnos o padres de familia dependiendo el caso), que demora sus pagos y les da una nula motivación a las personas que le enseñan al futuro de un país. El niño que quiere ser bombero o policía no lo hace motivado por un trabajo donde ganará el mínimo arriesgando el máximo... y las princesas, siempre princesas... bueno ese es otro tema.

A lo que quiero llegar, es a que me gustaría ver un mundo donde existieran más niños grandes que nunca hubieran renunciado a sus sueños de ser bomberos, de ser astronautas, de ser un ingeniero revolucionario... que nunca sucumbieran a medir sus sueños por la cantidad de dinero que estos representaran, que nunca renunciaran a ser heroes.

Hasta pronto astronautas.