martes, 30 de julio de 2013

Word Games

ORGULLOSAMENTE COLOMBIANO?

Hablando de los famosos "Word Games", me entra una pregunta: ¿Por qué si queremos posicionaros como un país rico, con cultura, con diversidad, nos sentimos tan avergonzados de nuestro lenguaje? ¿Quien nos metió en la cabeza que todo lo de afuera es mejor? ¿Qué había de malo en que las medallas dijeran "Juegos Mundiales, Colombia 2013"?

Y es que no solamente habla de la falta de planeación, de hacer todo a las carreras, por encima... porque mirando un poco las publicaciones que se hacían sobre los juegos en Cali, ya se venía cometiendo el error en algunas, me pregunto yo ¿De verdad nadie se dio cuenta? ¿Cuántas medallas se imprimieron? ¿Fue un error de omisión y el primero que lo notó fue el luchador de sumo frente a las cámaras? Porque sería preocupante que todo este tiempo hubieran trabajado la imagen bajo el concepto de que era un juego de palabras.

Estoy segura que los deportistas que visitaron nuestro país habrían apreciado que la leyenda de su medalla estuviera en español ¿Acaso no es el idioma que hablamos aquí? Es mucho mejor demostrar el esfuerzo de viajar a países diversos, conocer diferentes culturas, sentirse orgulloso de lo autóctono. No pretender que somos algo que NO somos, aquí ni somos gringos, ni nuestra lengua materna es el inglés, pero esta noticia tan chistosa (de las que uno se ríe pero que en realidad tiene una vergüenza horrible), demuestra que por más que nos quieran meter la "Marca Colombia", lo que están buscando es alejarnos cada vez más de lo nuestro. Muchas veces me he preguntado, al ver cómo se desbaratan muchas personas al ver un extranjero en la calle, hablándole en inglés, para demostrar cuánto saben de su idioma y cómo se rinden en amabilidades y alabanzas. ¿Será que a nosotros nos pasaría lo mismo? En una calle de Nueva York, caminando perdidos y que llegue un norteamericano a chapotearnos español y a ofrecernos su amabilidad gringa, digno de ver...

Ahora, no me malentiendan, seguramente muchas de esas personas son amables de nacimiento y su desinteresada y profunda intención es ayudar, porque "amarás a tu prójimo como a ti mismo" y se lo vienen repitiendo todos los domingos en las iglesias (o Domingo que no perdone), seguramente estas mismas personas al encontrarse al más oriundo indígena Colombiano, de tez canela, nariz ancha, ojos rasgados y oscuros, despistado y sin dinero en la capital, seguramente este amable ciudadano se acercará al indígena a hablarle en el más cálido español y tiernamente lo guiará e invitará a un café (si se presenta la posibilidad), compartirán anécdotas de viajes, maravillas naturales y mil experiencias más.

Cómo decía, no me malentiendan, mi malestar no es por aprender a hablar inglés (tan necesario en estos tiempos) ni por la cortesía, la bondad, la sencillez o la simpatía por los demás, mi malestar es por esa manera en la que nos dejamos deslumbrar por todo lo que sea de afuera, y cómo nosotros mismos nos despreciamos hasta tal punto, que cuando nos ponen en comparación junto a cualquier estadounidense, europeo o de cualquier otra lugar que no sea Colombia, se pierde nuestro valor.